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Web de la R:.L:.S:. «Túpac Amaru» Nº 42
Fundada en el Vall:. de Lima el 25 de Setiembre de 1944 e:.v:. |
![]() R:.H:. Galo Moncada Mau P:.V:.M:. del Taller
El movimiento de la Ilustración ejerció gran influencia sobre los gobernantes absolutos de Europa, varios de los cuales adecuaron su política en parte a estas ideas, pero sin modificar su esencia o sea sin dar intervención al pueblo; a esto se llamó el Despotismo Ilustrado, destacando entre estos Carlos III de España, quien precisamente entre una de sus medidas estuvo la de expulsar a los religiosos de la Compañía de Jesús tanto en España como de sus colonias de América por considerar que su influencia era muy poderosa dentro de su gobierno; figurando entre estos jesuitas Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, quien estando en Italia, deportado, tuvo conocimiento de la Revolución de Túpac Amaru II y se movilizó en busca de la ayuda de Inglaterra y de los criollos americanos en Europa.
En esta etapa de Ilustración y del Despotismo Ilustrado, cuatro años después de ocurrida la revolución de independencia de los Estados Unidos de América y nueve años antes de la Revolución Francesa, estalla en el Perú la Revolución más grande de indígenas y mestizos que puso en evidente peligro la paz del virreinato y por su repercusión actuaría como catalizador en el proceso de independencia que a continuación vendría.
Túpac Amaru II no es el rebelde impulsivo, que por lo episódico de su movimiento podría parecer. Ya en 1777, comienza a gestionar ante las autoridades en Lima, mediante recursos y expedientes el mejoramiento de la situación de los naturales y la liberación de la Villa Imperial de Potosí. En dichos recursos se nota el conocimiento que tenía de las leyes vigentes de esa época y la esperanza de alcanzar justicia mediante reclamaciones pacíficas ante los tribunales.
Túpac Amaru II lucha con gran ansia por los principios libertarios y hace ver que no puede subsistir una institución como la mita que hace que los indígenas salgan de la libertad natural a la sujeción civil la que degeneraba fácilmente en esclavitud.
Desalentado con los fallos de los tribunales, Túpac Amaru comprende que esta lucha deber hacerse con un vigoroso levantamiento que busque en primer lugar eliminar los malos funcionarios que falsean las leyes del monarca y arruinan la vida de los naturales.
José Gabriel Condorcanqui y Noguera, Túpac Amaru II o mejor José Gabriel Túpac Amaru fue un cacique mestizo que superó la ambigüedad de su condición, para realizar su hazaña, ya que podía ufanarse lo mismo de su directa descendencia de Huayna Capac, que de pretender legítimamente el marquesado de Oropesa.
Túpac Amaru II es cristiano, habla quechua aymara, castellano y latín; viste con elegancia aristocrática y con lujo de comerciante próspero.
Es tal vez el mayor transportista de la región con casi 440 mulas y también propietario de tierras, minas y de casas en los pueblos de su cacicazgo. Sin embargo, necesariamente iluminado por principios de libertad, de igualdad y de fraternidad; no duda en ser consecuente con ellos y de asumir el reto de conciliar y unir esos dos mundos entre los cuales el vive y que además comprende que en su propia existencia se hallan mezclados.
Túpac Amaru II tiene el mérito además de saber captar, no obstante la distancia y diferencia de realidades, los principios de la ilustración, de saber distinguirlos del Despotismo Ilustrado; tiene el mérito de haber sabido leer en la historia y percibir el desenlace que ésta traería; tiene el mérito entonces de haber sabido encarar su presente para posibilitar el tránsito entre lo que era una realidad desigual e injusta hacia el sueño de la libertad.
Después de dos siglos de la gran rebelión pierden importancia las anécdotas y adquieren verdadera dimensión los hechos esenciales.
No puede ahora perturbarnos, que la estrategia política y militar de Túpac Amaru fuera incierta o errada; que su táctico fidelismo no le ganara mayores adhesiones; que sus huestes lo desbordaran en varios momentos y que respondieran con cólera violenta a la secular injusticia que simbolizaba la mita de Potosí, los corregimientos y las reparticiones; lo que interesa en la larga duración es lo que deja huella y perdura.
Por eso el movimiento insurreccional encabezado por José Gabriel Túpac Amaru, destaca con caracteres singulares entre los grandes acontecimientos históricos del siglo XVIII. Es un grito de masas cuyo vocero es un líder popular. Dentro de su aparente sencillez es un movimiento complejo. Fluye desde el fidelismo común de la época, hasta un gradual pero definido separatismo, supone también un enfrentamiento interno entre los grupos cusqueños y limeños encabezado éste último por los criollos de Lima, que preconizan un nuevo orden que ellos presidirán; mientras los cusqueños apoyados en la tradición autóctona de raigambre incaica consideran que legalmente les corresponde gobernar el país.
Dentro del carácter típico de todo movimiento popular carecerá de adecuada preparación militar y de organización económica bien estructurada, por que representa el súbito estallido de una masa cansada de soportar la sistemática explotación a que la sometía la desenfrenada codicia de sus opresores.
La protesta está dirigida a la eliminación de las medidas administrativas que lesiona su economía. Por eso cuando Túpac Amaru levanta la bandera de la rebelión atacará puntos neurálgicos combatiendo, desde sus primeros encuentros, las diversas formas de trabajo lesivas al campesinado peruano; sometido a la brutal modificación de sus ancestrales formas de vida, una de ellas la mita minera de Potosí, que significa para el poblador de la provincia de Tinta arrancarlo de sus tareas habituales obligándolo a realizar penosas tareas en un medio distinto.
Túpac Amaru, de esta manera ataca la arbitraria disposición gubernamental puesto que, legalmente los indios de su provincia estaban eximidos de este servicio forzado.
Otro aspecto significativo de la acción tupacamarista lo constituye su clara tendencia moralizadora relativa a la administración del país teniendo carácter simbólico el hecho de que la primera sanción ejecutada por la fuerzas insurgentes, se realizara en la persona de un corregidor defraudador y codicioso, acto justiciero con el que se defendía al pueblo y al erario.
Lo grandioso de este movimiento libertario de dimensiones que sería difícil encontrar en las 100 epopeyas de la historia universal, es que nace de gente más humilde y acaba arrollando muchedumbres y levantando caudillos para derrotar en Ayacucho, a uno de los imperios más grandes que jamás haya existido.
Cuando las autoridades de la colonia organizaron la carnicería con que se pensó destruir para siempre la empresa de Túpac Amaru se equivocaron en su cálculo, hablaban de los cuarenta mil que seguían al indígena rebelde y que era cuatrocientos mil; era toda la gente que oscurecía los campos y los pueblos.
Descuartizado Túpac Amaru sus manos, pies y cabeza fueron puestos en jaula ala entrada de los caminos como aviso de terror pero éstas en cambio resultaron lámpara de luz que propagaron la insurrección en el Alto Perú , en Latacunga del reino de Quito en las montañas de Nueva Granada y en los llanos de Venezuela.
Después de 200 años que la rebelión de 1780 fue olvidada, el veredicto de la historia ha demostrado que este movimiento representó, la primera proclamación de la independencia de América Hice que tuvo proyección continental con la participación de los pueblos que hoy constituyen las naciones hermana: de América. Fue una conmoción social separatista y emancipadora de gran magnitud en la que se inmolaron millares de americanos y españoles que con su sangre fructificaron los cimientos de libertad, y su doctrina tuvo contenido social, a manera de cruzada redentora de los pueblos que durante tres siglos vivieron en la servidumbre y esclavitud.
La revolución de 1780, no terminó con el trágico martirio de Túpac Amaru, de su esposa la heroína Micaela Bastidas Puyucahua, de sus hijos y de sus colaboradores en la Plaza de Armas del Cusco, sino que, sus banderas con mayor fervor pasaron a manos de heroicos caudillos como Diego Cristóbal, Andrés y Juan Bautista Túpac Amar, los hermanos Catari, Pedro Vilca Apaza y el aguerrido caudillo indígena del Alto Perú, Julian Túpac Catari y su esposa Bartolina Sisa.
Continuó también en forma sangrienta en territorios de los virreinatos del Perú, de Río de La Plata y Nueva Granada, hasta que la reacción realista consiguió derrotar, pero no vencer a las multitudes de guerrilleros que luchaban sin armas, sólo inspirados por una gran fe en el advenimiento de la libertad y la justicia social.
La rebelión desarrollada en 1780 y 1785 fue una sola acción redentora de los pueblos Americanos, al marido de caudillos que pretendieron hacer realidad la doctrina de José Gabriel Túpac Amaru patrocinador de la libertad y la autonomía de América, de las reivindicaciones de las clases oprimidas, de la integración de los pueblos del continente, de la abolición de las cargas tributarias y la servidumbre, y de la manumisión de los esclavos como expresión de humanismo.
La revolución de Túpac Amaru de pleno contenido social, consiguió posteriormente el triunfo de algunos de sus postulados, tales como: la supresión de los corregimientos, que fueron reemplazados por las intendencias y que sirvieron de base para la Democracia Política del Perú Independiente: la creación de la Real Audiencia de Buenos Aires; y la anexión de la Intendencia de Puno al Perú y la creación de la Real Audiencia del Cusco.
Después de 200 años el veredicto de la historia ha venido a demostrar que la revolución de 1780 no fue nativista, regionalista y restauradora del incario sino que fue una conmoción social, sólo comparable a los grandes movimientos redentores de la Historia Universal. Igualmente la investigación y la critica histórica ha permitido determinar que la rebelión desarrollada de 1780 a 1785 obedeció a una doctrina que puede sintetizarse en : francamente emancipadora propugnando la reivindicación de las clases oprimidas constituyendo un frente popular de liberación del hambre y la injusticia, liberación de las cargas tributarias, el ejercicio de los derechos humanos y la supervivencia de las formas y sistemas sociales del imperio civilizado de los incas, único en su género, que sin el conocimiento de la moneda, de la propiedad privada y de la riqueza, consiguió hacer realidad la justicia social forjando un estado fraternal.
Por último, el edicto dictado por Túpac Amaru en el Santuario de Tungasuca el 16 de Noviembre de 1781, aboliendo la esclavitud, demuestra plenamente que la revolución de 1780 a 1785, alcanzó las características de una cruzada apostólica y redentora a nivel universal.
La época era aún prematura para tan alta concepción, lo cual le otorga una importancia excepcional y representa quizas el aporte de mayor envergadura revolucionaria en ese histórico momento. Significa, viéndolo bien, una decisión inusitada, posteriormente tópico obligado de los próceres emancipadores San Martin y Bolivar, que se proclamarían anti-esclavistas y que Castilla más tarde concretarla entre ésta impostergable conquista social, por la que Lincoln más tarde libraría una cruenta contienda civil en su anhelo de eliminar aquella lacra social.
Túpac Amaru, dentro de un sentido constructivo, trata de integrar a todos los hombres sin distinción de razas y colores, unidos en la misma concepción libertadora. Tal es la idea crucial de su pronunciamiento, para cuyo logro llama a los criollos, mestizos, indios, negros y hasta los chapetones o pucacuncas para conformar una nueva organización social en el país, bajo la égida de la igualdad.
En un ámbito de tan amplio espectro racial, su llamado es ejemplar y revela el sentido integrador que florece en muchos de sus bandos, edictos y proclamas. Estos pensamientos integran su concepción de justicia igualitaria que se radicalizará a medida que la lucha va adquiriendo mayor desarrollo. Túpac Amaru sabe desde el primer momento que al plantear estos conceptos chocará con la mentalidad de los súbditos de una monarquía absoluta, para la cual es inconcebible la lucha contra el Rey y significa además el enfrentamiento con el Clero, fuerza que respeta y teme.
No es lo mismo criticar a los corregidores, odiados funcionarios a cuya repulsa se suman no pocas adhesiones, que enfrentarse al lejano monarca aquien supone desconocedor de los malos manejos de sus autoridades coloniales.
En consecuencia, Túpac Amaru el caudillo de la gran revolución aborigen, que conmovió los cimientos de la Colonia y significó la culminación de un movimiento latente de oposición y de rechazo a la dominación, mostró grandeza y temple de espíritu, al sufrir el mayor de los sacrificios que ser humano haya sido capaz de resistir, sacrificio que no solamente se redujo a los tormentos corporales, sino al infinito dolor espiritual, al ser obligado a presenciar impotente el sacrificio de sus seres amados. Este hombre que mostró la magnitud del caudillo, a través de su obra y su sereno sacrificio, fue tan humano como todos, pero supo elevarse de esa situación de hombre común, para hoy ser justamente reconocido como Túpac Amaru, el Caudillo Revolucionario de las Masas Oprimidas y al que hemos elegido como nuestro Patrono.
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