
Q.·.H.·. Gastón Quevedo Pereyra, Aprendiz del Taller
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El Valor del Tiempo

Vaya mi gratitud y fraterno reconocimiento a nuestro V:. M:. Por la tarea impartida que nos impulsa a postular un tema que ha sido materia de inquietud desde una curiosa lectura en nuestra niñez al leer un artículo escrito por mi padre el Q:. H:. Severo Gastón Quevedo Revilla titulado “Doce Razones” y publicado por la Revista Júpiter, órgano de la R:. L:. S:. “Júpiter 33” en el cual indagaba profano en su época de estudiante universitario sobre las misteriosas bondades de la francmasonería y con juvenil curiosidad sobre la primera de las Doce Razones.
Desde épocas inmemoriales el valor del tiempo ha sido materia de análisis que se explayan desde toda esfera del conocimiento. Las ciencias matemáticas acaso por ser las pioneras en el tratamiento filosófico y luego todas las demás disciplinas se ocuparon del mismo, unas para propulsar su inmediatez y otras para sugerir las bondades de su quietud que sugerían reflexión en unos casos y absoluta dinámica en otros.
El tiempo resulta ser un don que condiciona todos los demás, por que gracias y debido a él, podemos disfrutar de los otros dones. El tiempo puede ser equiparado a una gran fuente, dentro del cual podemos diseñar nuestras propuestas, disfrutar de los maravillosos regalos que nos da la vida. A pesar de ser tan importante, el tiempo resulta por demás escurridizo y al tratarse de un valor en principio no material para las órdenes religiosas, si resulta tenerlo para la economía. Pese a ello, no lo percibimos con tanta facilidad y siempre debemos parar un omento para reflexionar y darnos cuenta de su presencia. Su fugacidad puede tranquilamente hacer que transcurra una vida entera sin haber podido hacerla rendir con todo el potencial que de seguro puede resultar desconocido y conocida cuando ya está por transcurrir.
San Mateo al narrar la Parábola de los Talentos nos enseña que al entrar en la vida, Dios les da a cada uno de sus hijos algunos talentos que cada quien debe cultivar para que al final de la vida material, les mostremos al Supremo Arquitecto del Universo los frutos de nuestro trabajo.
El Evangelio reseña que el Señor premió con generosidad a todos aquellos que laboraron incansablemente y por ello dieron frutos, pero el sirvo perezoso fue castigado. Cristo no le reprochó el tener pocos talentos, tampoco que no supiera invertirlos con inteligencia. Cristo le echó en cara sí, su negligencia, su pereza, el teñir su vida de mediocridad y sobre todo, el desaprovechar de manera indiscriminada el tiempo que le había sido otorgado.
Para estos seres humanos, la Biblia guarda palabras y párrafos por demás duros. Ahora bien, no se trata de una condena contundente, por cuanto las palabras no son de indignación, menos aun de cólera; peor aun: destilan desprecio y hasta asco: “Ojala hubieras sido frío o caliente, pero no como te has conducido, ni frío ni caliente, pero como no has sido ni frío ni caliente sino tibio, comenzaré a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3 15-16).
Mal podría pensarse que se trata de una condena de nuestro padre, pero si debe entenderse el fervor y el sentido metafórico de la expresión utilizada por los redactores de la Biblia. Los idiomas griego y arameo que fueron los utilizados para elaborar las sagradas escrituras buscaban otorgarle formas filosóficas de interpretación, más no catálogos a tomarse y aplicarse a pie juntillas, como si se tratase del formato de un amargo jarabe que un enfermo paciente debe tomar sin respirar y menos aun sin protestar.
El gran temor del ser humano radica en una frase más o menos común entre muchas personas: A medida que la vida pasa, la muerte se acerca. Y como sostenía el poeta Jorge Manrique, la misma se acerca “tan callando”; entonces no resulta posible el que pasemos la vida casi dormidos en espera de que la muerte nos sorprenda. Nuestra vida inicia y comienza a correr el tiempo desde que nacemos, tal y conforme es graficado por los antiguos relojes de arena. Segundo a segundo continuarán cayendo los relojes de arena hasta que el reloj se queda vacío, sin granos de un extremo. Pero está en cada ser evitar que el último grano haya transitado hacia el otro extremo, sin haberle otorgado utilidad. Sin duda y como fuere, el tiempo terminará y luego comenzará la eternidad.
La felicidad resulta parte fundamental en la historia de cada ser. Un último concepto de ello reposa en el significado de dicha palabra: Estar conformes con el pasado, tranquilos con el presente y optimistas hacia el futuro. Entonces la actividad y el impulso que sea endilgado en todos nuestros actos serán fundamentales.
Para los Incas, el tiempo coincidía con el espacio, conforme lo expresa el vocablo Pacha que significa tiempo y espacio contemporáneamente. Esta sinonimia entre tiempo y espacio indica que el primero era considerado concretamente y proyectado sobre el espacio geográfico. El tiempo en efecto, era a tal punto considerado una unidad en el espacio humanizado para los ceques, aquellas líneas que partían del centro del mundo Inca, la ciudad del Cusco y permitían individualizar no sólo grupos sociales y las 328 huacas que marcaban el calendario ritual de 328 días, sino que algunas de ellas codificaban también las observaciones astronómicas.
En el mundo actual empresarial se señala, reflexiona y cae en cuenta que el verdadero negocio no está en la cantidad de clientes, sino en saber mantener a los clientes que otorgan mayores beneficios al negocio y maximizar su rentabilidad con esta visión. Así, muchas empresas comienzan a gestionar su cartera de clientes como un activo fundamental para lograr una ventaja competitiva sostenible en el tiempo, lo cual ha exigido un gran cambio en la filosofía de marketing, pasando de estrategias de marketing dirigidas a la transacción a estrategias de marketing orientadas a la relación. Es decir, se busca a la persona, en un intento de rescatar la confianza y la lealtad en la negociación comercial.
Pero acaso el momento final también tiene relación y valoración con el tiempo. Durante la Guerra del Pacífico se cuenta el fusilamiento del Q:. H:. Leoncio Prado a manos y orden del Q:. H:. Alejandro Gorostiaga, quienes según las fuentes y tras reconocerse, acuerdan el acto final que correspondía por el desgraciado curso de una guerra fratricida, pero que no escapaba a los rigores de uso militar y que en la época ordenaba la ejecución de los jefes. Se cuenta que el héroe huanuqueño solicitó como último deseo tomar una tasa de café y tener al frente no a dos, sino a cuatro para su propio fusilamiento. Optando dar el mismo la orden tras el tercer toque al pocillo de la tasa. Y el tres es el número de la perfección. La triada implica el producto del enfrentamiento como nueva expresión y producto de los opuestos, totalmente diferente a los anteriores que conformará una nueva realidad. Tras la guerra, surgen hoy nuevas orientaciones, nuevos lazos que nos hermanan con visión de futuro con nuestros pares sureños.
El sacrificio y simbología desarrollada por el Q:. H:. Leoncio Prado y su despedida en el momento final al darse un abrazo con sus ejecutores y un sonoro y final: “Adiós hermanos, adiós compañeros”, hizo derramar lágrimas a todos, a ejecutores y vencidos, todos lloraron, menos “Pradito”, nuestro héroe y hermano.
En los párrafos anteriores hemos apreciado diversas situaciones y consideraciones respecto del tiempo primero y luego respecto de su utilización. Existen múltiples ejemplos de apreciación y ópticas el tiempo en diversas vertientes: históricas, filosóficas y en los más cotidianos quehaceres de nuestras actividades, pero la comunidad de ideas siempre reposa en un elemento fundamental: El cuestionamiento hacia el valor del tiempo.
Unos expresarán que el tiempo sobra y otros de seguro dirán que hace falta. Ello según las diversas ópticas de enfoque. Todo Masón debe orientar sus mejores esfuerzos en la mejora de los hábitos. Solo la prevención y el resguardo harán posible una mejor utilización del tiempo.
Jesucristo como los otros grandes iniciados uso dos métodos que necesitaron del tiempo para verter sus enseñanzas. Uno exotérico acomodando las verdades eternas del arcano a la comprensión de las masas en forma de aforismos, preceptos y palabras. Otro esotérico para sus discípulos y con círculo interno, interpretando la sabiduría de los misterios bajo nuevas formas adaptadas a la época y en el tiempo a las nuevas tendencias.
Lo último implica una tendencia propia y llave maestra para toda discusión que primero cuando profana suena imperceptible para toda concepción superior. Vencer las resistencias que el tiempo sin quererlo endilga a los grandes personajes, para que las nuevas ideas sean aceptadas en todos los órdenes, en todas las ideas y en todas las sociedades.
Los Masones no pretendemos la santidad, pero si esperamos acercarnos a ser mejores personas, mejores padres, mejores hijos y para ello, primero, ser mejores hermanos.
Fraternalmente.
Gastón Quevedo Pereyra
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