Web de la R.·.L.·.S.·. «Túpac Amaru» Nº 42 Web de la R.·.L.·.S.·. «Túpac Amaru» Nº 42
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El sendero de la inicacion

Por el M.·.R.·.H.·. Carlos Delgado Rojas, O.·. E.·.

Cada iniciación nos entrega en la interpretación de sus sím bolos, enseñanzas filosóficas, esotéricas, sociales y axiológicas.

Como estas últimas cuestiones se complementan y tienden al cultivo de las virtudes más que al intelecto del iniciado, resulta dificil desarrollar el nuestro, sin tocar los otros, aún cuando dejemos la impresión de haberlo desarrollado en forma incompleta le damos este enfoque en beneficio de los otros que no conocemos.

El Ritual de la iniciación nos advierte que seremos sometidos a pruebas que son simbólicas y que la Orden ha seleccionado de la sabiduría antigua, ella ha sido fuente de inspiración de nuestros rituales.

Nos iniciamos en la vida al salir del vientre materno de un ambiente líquido a respirar el aire de la atmósfera. Este nacimiento es nuestra primera y gran iniciación. Al ingresar a nuestra Orden salimos del vientre de la tierra y somos purificados por el agua, el aire y el fuego, recordemos que para los antiguos filósofos el aire era el alma, es decir, la vida, para otros, lo era el fuego. Al caer la venda de los ojos contemplamos por fin la luz física que nos permite mirar la fraternidad de las espadas y admirar las maravillas de la naturaleza; junto a ella la luz espiritual que recibimos con los símbolos ilumina nuestros sentimientos, nos inicia por los senderos del amor a la belleza, a la verdad, a la sabiduría. El hombre primero vió las cosas que existían a su alrededor. A la realidad física se agrega más tarde el mundo psíquico espiritual.

Además de las cosas materiales que él veía, existen sus propias vivencias, su alegría, su esperanza, sus recuerdos, el espíritu vio lo que existía fuera de él y una vez maduro se replegó sobre si mismo, entró en su mundo, en el mundo de las esencias, en el mundo de ideales, en el mundo de las virtudes. Simbólicamente hemos nacido a la vida espiritual pero esta vida no se nos da hecha, somos nosotros los que debemos hacer nuestra propia vida, encontrar nuestra conciencia moral, nuestra verdad. La Orden no nos entrega una verdad elaborada, el concepto racional del Gran Arquitecto del Universo no es un dogma, cada uno de nosotros queda en libertad para buscar el origen de la vida, del hombre, del universo, es decir la Causa Primera. La Masonería como ninguna otra institución, respeta la libertad del hombre; pero éste, para alcanzar la suya debe penetrar en si mismo, y una vez alcanzada no debe hipotecarla a dogmas, credos o ideologías. La libertad de si mismo de su yo, es el valor básico en el que se fundan todas las virtudes. Mucho se habla y con razón que debemos penetrar en nosotros mismos, conocer nuestro yo que es lo más importante y difícil para el hombre, como se insiste en la búsqueda de la verdad, ya que la Francmasonería, como se ha dicho, no nos entrega una verdad elaborada, los ritos, los símbolos, las iniciaciones, nos entregan ideales, valores para humanizarlas y ser seres moral e intelectualmente desarrollados. El éxito que tengamos en la búsqueda, en la construcción del templo inmaterial, morada de la sabiduría y de la virtud, está condicionado a la vocación, a la mística, a nuestra imaginación para encontrar en los símbolos la belleza y el saber; la Verdadera Iniciación no se adquiere en la ceremonia ritualística. Los viajes auténticos son los viajes del espíritu que hacen nuestra existencia una aventura espiritual. Este caminar por los senderos del espíritu es más doloroso que el humano, pero es la única opción posible en la búsqueda de nuestro yo. Estos viajes espirituales, estos diálogos con nosotros mismos, nos permiten penetrar en nuestro mundo interior. Si estoy escribiendo estas palabras, lo estoy haciendo por un deber de conciencia, este deber puedo cumplirlo bien o mal; pero que debo cumplirlo es indiscutible por eso es deber y cumple una necesidad social, que como todo lo humano es por esencia evolutiva, variable, en suma, histórica. El deber es un valor común a toda iniciación, que se va acrecentando en cada una de ellas; cuando se integra a nuestro ser se convierte en nuestro DEBER SER. El deber moral es absoluto, no puede explicarse, es simplemente deber, tiene lugar cuando las cosas se realizan por respeto al deber y no en cumplimiento al deber. El deber se identifica como el soberano bien. Los valores producen la conciencia del deber de la realización y cumplimiento de lo valioso, el Deber Ser, indica el cumplimiento de alguna ley moral, se origina en la voluntad moral, en lo que se define como el amor al bien, no en reglamentos o leyes que mandan, prohiben o permiten esto o aquello. El Deber Hacer reside en el sujeto, el Deber Ser, en el mundo axiológico, en el mundo de los ideales de los iniciados. Toda vida humana tiene un rol que realizar y que la sociedad necesita para su propia existencia, ya que la sociedad es un gran tejido humano en el que cada uno de nosotros tiene valores vitales que cumplir. El caminar por los senderos de la iniciación junto con purificarnos para que cumplamos nuestra misión espiritual, nos entrega un mensaje de amor y un compromiso de acción en beneficio del hombre.

Su trascendencia está ligada al cariño con que realicemos nuestro quehacer, a la fidelidad, lealtad a nuestros principios masónicos y a nuestros juramentos. La fidelidad a ellos es común a todas las iniciaciones y cuando de ella hablamos, recordamos algunos ejemplos históricos que han trascendido.

Pitágoras murió en el incendio intencional de su Escuela por lealtad a sus principios.

Sócrates se negó a fugarse, porque él había, durante su vida, predicado el respeto a la ley y a los jueces, si ella era mala y éstos corruptos había que luchar contra ellos, por fidelidad a sus ideales bebió la cicuta.

Jesús pudo salvar su vida si renegaba de su doctrina y de su paternidad, por ser fiel a ella, fue crucificado. El Maestro HIRAM, símbolo de las normas éticas que deben regir a la sociedad, murió por no entregar al ignorante, al ambicioso, al hipócrita, aquello a que aun no tenía derecho. Los juramentos serían meras fórmulas ritualísticas sino somos fieles a ellos. Silo somos no importa lo que el iniciado haga porque los ideales serán rectores de su conducta.

Las iniciaciones postulan purificar nuestro espíritu ponen énfasis más en las virtudes que en los conocimientos. Estos podemos adquirirlos fuera de los templos, aquellas son propias de los iniciados.

Los símbolos son fuentes inagotables de enseñanzas y valores. El valor conlleva un deseo no sólo personal sino también universal un debería ser, yo soy iniciado, un masón, el ideal del iniciado se convierte en una creencia, en un deseo, en que yo debería ser un iniciado desde mi ideal axiológico. Todo iniciado debe sustentar su juicio de valor en un valor masónico, ideal que llega ser creencia en el profundo sentido de la palabra, inspirado de la fe. Creo en Dios por la fe y la gracia, dicen los católicos. Creencias políticas, religiosas y morales se convierten en fe y tienden a materializarse en acción, que lo es importante. La verdadera creencia en un ideal se traduce siempre en acción. De la iniciación a lo ideal el camino espiritual es largo lleno de obstáculos. Quien cree en el ideal con frecuencia está contra los hechos, lo que no es un absurdo, porque está en camino en búsqueda, el hecho, aquí no es un dato puro, sino un obstáculo, un medio modificable por la voluntad, por el mazo y el cincel. Los valores axiológicos que las iniciaciones nos entregan, la fraternidad, la tolerancia, la caridad, la libertad, la justicia, son ideales a lograr por invención y trabajo. Cuanto más fuerte es el ideal por si mismo, más fuerte es la creencia, mayor la voluntad y el deseo. Si yo creo en el hombre, valorizo al hombre y deseo que todos valoricen al hombre. Si el bien es para mí la belleza suprema del espíritu humano, deseo que todos los iniciados, y aún, los profanos, amen y practiquen el bien, que él se convierta en norma de conducta en frente a sus semejantes, en suma, en su verdad normativa.

Quien descubre su vocación, yo soy un iniciado, sabe muy bien que no puede dejarse atraer por la idea de serlo que debe recorrer un camino lleno de esfuerzos y deberes y es muy posible que nunca alcance su ideal iniciático, sólo consigue perfeccionarse, lo que vale el esfuerzo. Los deberes de un ideal nada tienen que ver con que nos apremie o presione. Lo que hace creer que la obligación es exclusiva moral, es porque las faltas morales son particularmente peligrosas y graves por lo que tienden a pasar como las faltas por excelencia.

El iniciado por la interpretación de los símbolos se convierte en un soñador, que pretende buscar las raíces de las cosas en el subconsciente, pero es necesario para obrar verdaderamente, abandonar el sueño y la imaginación pura.

Las utopías forjan en general, un falso porvenir, un falso progreso, pero lo incentiva. La actividad y el trabajo creador inventivo se orienta a algo presentido. Corno la memoria de un recuerdo columbrado. En ambos casos el agente, puede decir "es eso" o "no es eso". Los ideales masónicos, la fraternidad, el amor, se revelan en el percibir sentimental. Los sentimientos serían inaccesibles a la razón, ellos se rigen por la lógica del corazón, se captan por la vía emocional que nada tiene que ver con el intelecto. La fraternidad no es para conceptualizarla ni para atesorarla, es para vivirla, sentirla, compartirla con nuestros semejantes, no solo con nuestros hermanos, sino con todos nuestros semejantes.

"Estrechemos nuestras manos y que el título de hermanos eternice nuestra unión". Cada iniciación nos entrega un mensaje de amor y de belleza que debemos captar. Si abrimos a los sentidos los ojos del espíritu, se nos presenta como una nueva primavera esperanzada con toda su mágica belleza.

La ceremonia ritualística de las iniciaciones es punto de partida del que arranca un sendero espiritual, el silencio, la meditación, el pensamiento, nos conduce a una nueva estación que no es la final, sino de paso, de la que parte otra vía humana con nuevos ideales y valores que nos instan a reiniciar nuestro andar. En ellas vamos dejando lo malo, pasando a lo bueno, y seguimos en busca de lo mejor. Sin que identifiquemos lo mejor con nuestras preferencias personales, sino con los ideales de la Orden.

Nos hemos convertido en viajeros permanentes del pensamiento y por mucho que caminemos no llegaremos a la estación de término: la del amor pleno, de la sabiduría, de la virtud. Tenemos que presentir el final y seguir con fe y esperanza nuestro viaje por los senderos del espíritu en busca de la unidad axiológica: la perfección, pero ella pertenece al Gran Arquitecto del Universo, en el se concilian cualitativamente todas las virtudes. Somos sus hijos algo de su divinidad hay en nosotros; el cultivo con celo, fervor, cariño de nuestro espíritu, de los nobles sentimientos que germinan en nuestro corazón, es el sendero iniciático que nos guiará en su búsqueda, y nos acercará a ella, nos hará mejores, nos humanizará.

Cuando hayamos muerto para el mal, el odio, el error y nacido para la fraternidad, la libertad y el respeto al bien, al amor, cuando estos sentimientos no sean una forma de vida frente a otras formas, sino nuestra vida misma, entonces podremos sentirnos iniciados, capaces de ir por los senderos de la vida, armados con el escudo de la fraternidad y la libertad, derribando todos los obstáculos, barreras y fronteras materiales y espirituales, que artificial y convenienciosamente han creado los hombres para separarse y puedan un día, aún lejano estrecharse en un abrazo de paz y Fraternidad Universal.


Trabajamos todos los lunes, a las 8:00 p.m., en el Gran Templo de las Logias Fundadoras. Calle Los Halcones 521 - Surquillo.

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